Mi cuello dolía, sentía que la mitad del cuerpo se dormía cada que me estresaba mucho, estaba de mal humor y la irritabilidad estaba a flor de piel cada día; pensé, ¿cómo puedo cambiar esto? Deseaba con todo mi ser que el estrés ya no controlará mi vida.
Mientras creces la vida se torna más “en serio” y lo pongo entre comillas porque esa era mi creencia anterior, pensaba que todo debía tomármelo en serio, que era de vida o muerte cada situación que sucedía en mi vida, el control de todo lo tenía yo o buscaba tenerlo, inclusive control el exterior era parte de mi trabajo, de mi esencia, de mi ser, pero ¿por qué?
Fue hasta que entré a los veinte y comencé con problemas de salud, sí, a mis VEINTIDÓS AÑOS. Entre buscar trabajo, mantenerme, independizarme, tener una relación estable, generar buenos ingresos, empezar proyectos, buscar libertad financiera, amor y fama la lista de lo que tenía que hacer se hacía más y más extensa, tenía tantas cosas por hacer que el tiempo me hacía falta, ya no convivía con los míos, me sentía frustrada porque ningún proyecto despegaba como quería, no pertenecía a la clase social que soñaba, mis sueños al contrario se convirtieron en una pesadilla, poco a poco dejé de disfrutarlos, olvidando por qué había iniciado.
La forma en la que percibía la vida no era belleza, amor, paz y esfuerzo, más bien era competencia, impaciencia, frustración y enojo, todo lo quería para ayer pero nada funcionaba, quería hacer todo al mismo tiempo, no me permitía cometer un error porque mi lema inconsciente era: “o es perfecto o no lo quiero”, tan solo imagínate vivir así, buscando perfección inclusive cuando aún no sabías cómo funcionaba el proyecto, no me permitía disfrutar el proceso, aprender sobre la marcha, quería saberlo ya.
La frustración, enojo y estrés poco a poco fueron consumiendo lo más valioso que tenía, mi salud. Los dolores en el cuerpo empezaron a aparecer, ya no sonreía, siempre sentía que perdía el tiempo si platicaba con mi familia, necesitaba trabajar todo el día para sentir que avanzaba, me alejé y construí una barrera que afecto mis relaciones y salud.
Fue hasta las últimas semanas de diciembre que me preocupé realmente, el estrés me había sobrepasado, mi cuerpo se tensó de una manera poco habitual, todas mis cervicales dolían, mi cuello tenía bolas de tensión, la mitad de mi cuerpo sentía que en cualquier momento podía dejar de funcionar, el hormigueo incrementó y me asusté de tan solo imaginar que podía llegar a tener alguna parálisis o algo por el estilo. Estaba a tiempo.
Siempre he creído y creeré que el cuerpo es perfecto, esta máquina tan maravillosa te avisa con tiempo cuando algo no anda bien, definitivamente este dolor y hormigueo eran mi señal y quedaba en mí seguir ignorando o hacer algo al respecto. Un masaje pensé, quizá un masaje puede aliviar mi tensión y dolor, pero, solo lo aliviará momentáneamente, ahí lo comprendí todo.
No era buscar remedios para quitar los dolores que sentía, porque quizá sí, los calmaba un tiempo, pero pronto aparecían de nuevo, esa no era la cura que yo buscaba, yo quería sentirme bien siempre, no cubrir mi dolencia temporalmente. Sabía que el dolor de cuello y espalda eran síntomas de mi estilo de vida, de las cosas que no estaba haciendo y que si buscaba una cura permanente lo que debía cambiar estaba dentro de mí, en mi mente, corazón y alma.
Estaba cargando con tantas cosas que estaba completamente saturada, el control se había vuelto una parte de mí, vivir con estrés ya era normal y la falta de fe no era importante del todo. Estaba haciendo todo mal, ¿te ha pasado? Así que antes de iniciar este 2025 tomé la decisión de hacerlo diferente, no quería enfermarme, sabía que estaba a tiempo de cambiar mi futuro para siempre y estaba dispuesta a convertirme en otra persona con tal de estar y sentirme bien, ya estaba la mitad de mi recuperación.
Este año hay muchas cosas que deberé cambiar, muchas personas a las que tendré que perdonar para avanzar, momentos y experiencias que ya no aportan más, soltar cargas que solo me lastiman, pero principalmente, tendré que aprender a aceptarme, amarme, admirarme y confiar en mí sobre todas las cosas, porque nada me curará salvo cambiar todo aquello que ya no funciona y sustituirlo por mejores emociones, pensamientos y actividades, esas que generan vida y no la quitan.

No esperes a sentirte mal para soltar aquello que duele y que quizá cargas inconscientemente, estás a tiempo de transformarte, porque el verdadero mérito está en saber cuándo es momento de soltar aquello que ya no funciona. No puedes controlarlo todo, pero sí puedes controlar lo más importante, tú.
Porque vivir con estrés, ansiedad y falta de fe nunca fue el camino al éxito, sino al camino del vacío.
Decreto con todo mi corazón que la persona que lea esto solo le sucedan cosas increíbles en estos 365 días, logre perdonar y perdonarse, confíe en ella y se permita realmente vivir en el aquí y ahora. Todo lo bueno, hermoso y real para tu esencia de nuestro ser supremo.
Mucho amor y paz para ti.
Con buena vibra, Karla.



