Entre tantas actividades a veces olvidamos que una decisión puede cambiarnos y llevarnos a un destino completamente diferente. Una decisión que te cambia.
Saturarnos de actividades era mi pan de cada día, siempre estar ocupada era mi forma de creer que mínimo estaba avanzando, pero la realidad era que solo llenaba mi día para no sentirme inútil. Conforme fueron pasando los días, semanas, meses incluso años, la saturación era más y más, hasta llegar al punto de no tener tiempo para nada. No comía bien, no dormía bien, no pasaba tiempo con mi familia, estaba siempre corriendo, de malas, agotada, estresada y frustrada. No era vida.
Mi papá en ese momento se dio cuenta de la situación, y aunque al principio no decía mucho, al final habló conmigo:
No es vida – me dijo.

Se fue en cuanto dijo la última oración, recuerdo no decir nada y comenzar a llorar, tenía razón, estaba agotada, no veía futuro en nada de lo que hacía en ese momento, mis sueños se convirtieron en pesadillas por la presión de obtener el resultado y no abrazar el proceso, mi vida no me gustaba del todo y el estrés de la adultez me tenía muy ansiosa, ¿qué seguía? Nuevamente, una decisión que te cambia.
Fue en ese momento que comencé a tomar decisiones, decisiones que me causaban mucho miedo pero que eran necesarias si quería vivir de nuevo, de pronto todo cambió momentáneamente. Cuando tomamos una decisión, por más pequeña que sea, cambia por completo tu futuro, es como si tomarás una estación de tren, sabes perfectamente que cada ruta te llevaba a un lugar distinto, bueno, así son las decisiones, pero las subestimamos tanto.
Uno no sabe qué curso de vida está tomando hasta que lo proyectamos diez años en el futuro, ahí podemos darnos una idea de lo que estamos haciendo con nuestras vidas, pero, aunque sepamos esto, decidimos no hacer algo al respecto, tenemos la falsa creencia que no sucederá nada si continuamos con el mismo estilo de vida, normalizamos pasarla mal creyendo que eso es vida y preferimos quedarnos igual que cambiar nuestras rutinas. Tenemos tanto miedo al cambio que esa decisión que elegimos no tomar era la que nos regalaría una mejor vida aunque al principio no parecía.
Cuando me di cuenta de todo lo que debía cambiar, comencé a tomar decisiones una tras otra, con la falsa promesa que me sentiría mucho mejor, porque hay algo importante que recordar, las decisiones como yo las catalogo son internas y externas, podemos tomar muchas decisiones externas que alteren nuestra realidad con los demás, sin embargo, éstas no tienen impacto si no las fusionamos con las decisiones internas, esas que nos transforman para siempre. Cuando decidimos tenemos que tomar en cuanta estas dos categorías porque muchas veces decidimos externamente creyendo que eso nos hará sentir mejor pero pronto nos percatamos que nada de lo externo sana lo interno, o mínimo eso fue lo que me pasó.
Entre tantas decisiones externas por unos cuantos días me sentí liberada, más feliz, sin embargo, al poco tiempo, el estrés, frustración y enojo aparecieron nuevamente, mi vida ya no era la misma en el exterior, pero yo sí lo era en el interior, estaba viviendo en un contexto distinto pero yo era la misma, fue ahí donde me pregunté, ¿por qué me siento igual si ya todo es diferente? La realidad es que de nada sirve cambiar tu situación externa si tu situación interna se mantiene intacta.
Rodeada entre lo que soñaba, me sentía vacía y fue en esos momentos de tristeza que lo entendí todo. Si quería sentirme dichosa, primero debía tomar la decisión de transformar lo más importante, mi yo interno y eso era dejar de sentir, pensar y actuar de la misma forma que lo había hecho en los últimos años, pero ¿sabes lo retador que es cambiarte a pesar de años de repetición? Es un reto muy muy grande, por ello muchas de las personas que empiezan se rinden al poco tiempo, porque no es nada sencillo transformarte.
Lo que sucede muchas veces es que las personas logran cambiar por un gran dolor o insatisfacción en sus vidas, hasta que no suceda algo que marque un antes o un después, las personas deciden no enfrentar la incomodidad de cambiarse, pero cuando se presenta una situación que los marca, ahí todo cambia y deciden empezar. Las personas no lo comprendemos hasta que nos sucede y fue justo cuando estaba tan estresada y frustrada que decidí cambiarme, ¿por qué me esperé tanto? Bueno, el Universo lo hace perfecto.
A raíz de todo ese dolor, mi vida interna tomo un giro de 180 grados, dejé de comportarme de la misma forma, empecé a disfrutar el proceso, perdoné y solté el control, mi diálogo interno se transformaba en uno positivo día tras día y la confianza en mí aumentó, dudaba menos, amaba más, disfrutaba y reía. Era un hecho que no estaba viviendo la vida de mis sueños, pero me sentía muy plena como si ya lo hubiese alcanzado.
Las decisiones son muy poderosas, la gran mayoría ya vienen de tu subconsciente, él sabe lo que sueñas, anhelas y quieres, pero nada cambiará si no lo tomas en serio y no hablo de volverte seria, enojada o muy política, no, más bien entender quién eres, qué quieres y a dónde vas con respeto, amor y cariño, porque cada decisión que tomes, simplemente te llevará a realizarte como persona. No es necesario saturarte de actividades, más bien tomar la decisión correcta de entregarle tu energía a esas actividades que son importantes, reales y genuinas para ti, porque nadie sabe lo que quieres más que tú y esa decisión que decidas tomar o no, determinará tu futuro en diez años. Tu eliges, toma una decisión que te cambia.
Decreto con todo mi corazón que la persona que lea esto solo le sucedan cosas increíbles en estos 365 días, logre perdonar y perdonarse, confíe en ella y se permita realmente vivir en el aquí y ahora. Todo lo bueno, hermoso y real para tu esencia de nuestro ser supremo.
Mucho amor y paz para ti.
Con buena vibra, Karla.



